lunes, 18 de febrero de 2013

Tarde de patinaje


Hacía años, muchos años, que no me subía a unos patines. El sábado me reencontré con aquella experiencia olvidada 12 o 15 años atrás y el resultado fue más que satisfactorio.

Recuerdo los primeros patines que usé, heredados, por supuesto. Con los que aprendí a patinar. Eran aquellos patines clásicos de color blanco y con ruedas rojas que todos hemos tenido alguna vez. Los heredé de alguna de mis hermanas, no recuerdo cual, porque cada una tenía los suyos, pero unos me estaban bien y los otros pequeños. Con aquellos patines tuve mi primer acercamiento al patinaje cuando apenas levantaba dos palmos del suelo. Todos mis amigos recuerdan la táctica, que ideada por mis hermanas, usaba para tal fin.

Llevaba tiempo queriendo patinar. De hecho tenía el plan pendiente para ir con alguien a patinar sobre hielo, pero por unas cosas o por otras nunca se daban las circunstancias adecuadas.

El sábado se abrió la posibilidad de ir a la pista de hielo de Oxford debido a un evento que habían creado el grupo de estudiantes internacionales de la universidad . Mis compañeras de residencia me plantearon el plan y por supuesto no pude decir que no.



Era la primera vez que patinaba sobre hielo. La toma de contacto fue un poco jodida, tuve que dar los primeros pasos agarrado a la barandilla porque la estabilidad era mas bien nula. Es en estos momentos cuando la expresión "pareces un pato mareao" cobra todo su sentido. Después de conseguir dar una vuelta a la pista, no sin esfuerzo, decido que ya está bien la cosa. Tenía en mente que sabía patinar, todo el mundo dice que eso es como la bicicleta, que no se olvida. Así que haciendo uso de la cultura popular me solté de manos! Al principio despacito, iba bastante jodido, más aun cuando se me cruzaba alguien por medio, porque claro, no sabia torcer ni sabía frenar. Eso es un problema. Después de varias vueltas a la pista parecía que todo iba bien, me iba soltando. Mis amigas mientras tanto hacían lo propio. Poco a poco iban cogiendo confianza.



Que malo es coger confianza antes de tiempo. Todos sabemos que hay muchas papeletas para que lleguen los porrazos. Y así fue. Me caí al menos tres o cuatro veces. Las primeras caídas sin consecuencias, pero a medida que vas cayendo, las muñecas se cargan, y la ultima caída me dejó un poco destrozado y con secuelas que todavía hoy perduran. Pero tranquilos, que no es nada. Intenté varios métodos para evitar la caida: Concentrarme al máximo, ser suave, seguir a alguien.... Todo en vano. En el momento mas inesperado, clavaba los putos clavos de la cuchilla, me desestabilizaba.... y cataplumplumplum!! No me jodía caerme, que en el fondo sabía a lo que iba. Lo que mas me jodió era el recochineo de algunos, mas bien de algunas. Una chica pasó un par de veces a mi lado a toda hostia haciendo ruido de cohete, la madre que la parió...

Pese a las caídas y el dolor de muñecas el balance final fue mas que satisfactorio. De hecho ahora mismo no puedo borrar la sonrisa recordando aquella tarde. Sin duda una experiencia repetible.




No hay comentarios:

Publicar un comentario