Los primeros días suelen ser los que dan más de si. Pero la noche de ayer y lo que llevamos del día de hoy tampoco se han quedado atrás en cuanto a anécdotas y cosas que contar.
No he escrito en mi vida un diario. Creo que esta etapa de mi vida lo requiere, así que creo que le voy a dar ese toque al blog. De este modo os enteráis de lo que mola abandonar el hogar y de las historias que le van surgiendo a uno con el paso de los días. Y por mi parte me quedo un registro escrito de mi vida que de otra forma no tendría.
Anoche me fui tarde a la habitación. Había llegado temprano al hostel y no me dejaron hacer el check-in. Hasta las 14:30. Total que aproveché el mediodía y la tarde para hacer cosillas. Ya os lo conté ayer.
Mi entrada a la nueva habitación fue apoteósica. Arrastrando con la mochila gigantesca cuanto se cruzaba en mi camino. La sensación al entrar fue la de.... Joder como les huelen los pies a los pijacos estos!! y digo pijacos porque lo que se cruzaba en mi camino eran varios pares de mocasines saltarines y alguna americana colgando de una percha. Nada mas lejos de la realidad. Aproveche que estaba solo para hacer la cama, dejar las cosas en lugares estratégicos y clavarme un bocata de jamón de mi cosecha y queso de sotuélamos.
Después de todo esto me baje al hall, el único lugar con Internet (encima caro) del hostel. Estuve trasteando un ratillo, como es normal, y después me subí a la habitación.
Y aquí es donde empieza la fiesta. El olor a humanoide se había incrementado. Me di cuenta en cuanto abrí la puerta. Eso solo podía significar una cosa, que mis compañeros de habitación estaban ahí. Creo que solo había uno cuando llegué, pero hacia el bulto de dos. Un cacho "negraco", y perdonarme la expresión, que no es en tono despectivo, sino para que tengáis constancia de las dimensiones, que se salía por los pies de la cama. Luego llegó otro de similares proporciones. Y otro chavalillo, que aunque alto, no pasaba de los 60 kilos. Entre todos me dieron la noche.
Ya por la mañana bien temprano me levanto a toda prisa con varias ideas. La primera abandonar aquel fétido lugar, la segunda ir a desayunar y la tercera ponerme a hacer cosas.
La mañana ha amanecido fresca, pero nada a lo que no se enfrente un Peñascosero en el devenir de un día cualquiera de enero. Cómo fui incapaz de hacerle funcionar a mi móvil en lo que a conexiones de internet se refieren he tenido que ir a que me lo arreglaran. Iba con la esperanza de que estuviera la chica que me atendió ayer, en parte para no defraudar a lentejón. Pero no estaba, así que un hombre que había en su lugar me ha solucionado la papeleta amablemente.
Después de salir de la moderna tienda de O2 me he dirigido a abrirme una cuenta bancaria. Y aquí es donde empieza a torcerse la cosa. Me atiende una señora de mediana edad cuyos pelos parecían sacados de algún tipo de cómic. Me ha estado explicando cosas, la mitad no las entendía, así que me ha mandado a otra oficina donde había una española trabajando. Hay una gran diferencia entre que te atienda una inglesa y que lo haga una chica andaluza. Me ha puesto al día de lo que tenia que hacer para abrir la cuenta, y he quedado con ella para hacerlo mas adelante. Total, que he salido de allí con una sonrisilla y con ganas de hacer mas cosas. Así que me he ido a la uni a buscar casa.
No me ha costado demasiado encontrar la parada de autobús que me debería llevar a Headington Campus. Lo que ha sido mas difícil ha sido decírselo al autobusero. Iba tan metido con la palabra Headington en la cabeza que cuando he ido a sacar el billete le he dicho Wheatley.... Después de sentarme en el asiento, miro el ticket y me doy cuenta de que la había cagado. Yo también he pensado que era gilipollas, tranquilos. Me ha tocado ir a explicarle que me había equivocado, y me dice, estoy conduciendo, no puedo atenderte ahora. Y yo he pensado, esto en España no pasa. Allí si hace falta van sin manos. Al llegar a la siguiente parada el señor, muy amable, me ha cambiado el billete y me ha devuelto la diferencia. Sin problemas pues.
He llegado al campus y la primera cosa que he pensado es.... Este sitio mola. Me he metido en el supuesto edificio en el que estaba la oficina y me ha salido al paso un hombre diciendo... Can i help you? a lo que he contestado... please!!! Y me ha acompañado hasta el lugar en el que ha acontecido la ultima odisea oxfordiense.
Llego a la oficina y me atiendo un chico. Tu debes ser Roberto, no? y me dice, el mismo. Pues nada, que hemos estado dirimiendo la cuestión de los pisos. Aquí me he venido abajo mientras que hablaba con la señora que llevaba el tema de los pisos compartidos. Una tal Natalie. Que se ha esforzado al máximo por entenderme y hacerse entender. He conseguido quedar con ella el miércoles para ir a ver la casa. O eso creo jajaja.
Como he salido un poco jodido del sitio he decidido bajar andando hasta el City Centre. No está demasiado lejos, unos 20 minutos a paso tranquilo. Claro, que con el hielo no se podía correr. He aprovechado para ver los college por fuera. Los que he visto estaban cerrados al público y no he preguntado cuando se podían visitar. Supongo que habrá tiempo.
Con un hambre de tres pares de narices he pasado por la puerta de un restaurante italiano con un cartel que rezaba "menú 7 libras" y me he metido para adentro. Una chica muy simpática me ha atendido, todo sin problemas. Mientras comía me había parecido oirla hablar en español, pero como no tenia pinta de española en un principio no le he dicho nada. Más tarde, cuando me ha traído la cuenta le he preguntado. Y me ha dicho en un perfecto español que no era de España, que era medio rusa. Tampoco me ha quedado claro de donde era. La cuestión es que hemos estado hablando un rato y me ha dicho que mi ingles no está nada mal. Ya van dos chicas que me lo dicen!! al final me lo voy a creer. Nos hemos intercambiado los facebooks (me lo ha pedido ella, que conste) y he salido de allí con otra sonrisa.
El día no ha dado para mucho mas. Después de esto lo mas interesante que me ha pasado ha sido conocer a mi nuevo compañero de habitación un hombre simpatico metido en los 50 que conocía Torremolinos. Por lo menos ha sido el único compañero de habitación con el que he mantenido una conversación más allá de los meros formalismos del hola, adiós, y el perdona. Esperemos que no me la juegue.

Ésto va bien, tienes poca vergüenza para hablar con aunténticos desconocidos ( lo de poca vergüenza es totalmente un cumplido) así que si sigues así buscándote la vida, va a ir todo muy bien.
ResponderEliminarVeo que ya te vas encontrando con individuos a tener en cuenta, jajajaja. Así que mañana ya toca ver una posible casa, mucha suerte!