domingo, 17 de marzo de 2013

Noche de fiesta


Hacía tiempo que no salía a degustar cerveza horrenda. Ayer, aprovechando que llevaba dos días lloviendo (o tres, ya no recuerdo la cifra exacta) nos decidimos a salir. El cuerpo lo necesitaba. Es necesario salir de este agujero de vez en cuando.

A decir verdad se venía planeando desde hacía días, osea, que no fue un "dicho y hecho" como me gustan a mi las cosas. Estaba todo planeado, lo que en términos judiciales se conoce como premeditación, y a mí las cosas premeditadas no me gustan. Aunque en este caso no salió del todo mal la jugada.

Nos enfundamos el traje de faena bien prontico, que aquí no se puede hacer tarde, y menos para salir de fiesta. Llegamos al autobús y el tipo nos dedica un cálido saludo (más quisiéramos). Empieza la fiesta!



Fue subirnos en el autobús y empezar a cargar borrachos. En la primera parada ya llevábamos uno. No hay fotos de esto, intentad imaginarlos con mis sublimes descripciones jajajaj. El tipo se sube y le faltaba pasillo, nada extraño dadas las circunstancias  Se sienta el el primer asiento que ve, bueno, el primero que ve es el que hay justo al lado del conductor, encima de la rueda, pero ni por casualidad hubiera podido subirse ahi... Así que se sienta en los asientos abatibles de la zona reservada para carritos. No duro mucho, en la primera curva ya no fue capaz de sujetarse y viendo que se iba a ir al suelo decide cambiarse de asiento e irse a uno de los normales, más recogido. Consiguió llegar, para mi sorpresa, tengo que admitirlo. Se subió la gabardina hasta que le tapó la cabeza y ya no dio mas juego en todo el viaje.

En las sucesivas paradas fuimos rescatando mas borrachos, creo que llegué a contar 4 o 5. El ambiente se tornó un tanto alcohólico, olía lo mismo que una cuadra después de una noche de juerga.

No pasa nada, se monta nuestro amigo chino y nos distraemos con una conversación que no nos condujo a ninguna parte y la cual no recuerdo. El chino en cuestión se llama, Libertad, Freedom o 自由, depende del idioma que elijas para llamarle. Más tarde nos juntaríamos con el resto del continente chino convirtiéndose esta en la primera fiesta Hispano-China de Oxford.


Los chinos están muy locos, son muy raros, o tal vez sea yo que no me acostumbro a las culturas del mundo. El caso es que son el descojone total. De lo mas variopinto que te puedes echar en cara. Unos salían locos bailando, otros no se movían... pero el que mas gracia me hacía era el que se paso toda la santa noche con los brazos levantados en la misma posición, sonara la canción que sonara.

La noche empezó suave, estaba el personal poco animado, pero al final lo partimos. En especial la señorita Juliette que gastó más suela que ninguno aquella noche. Es lo que tiene ponerse bailarinas, que a uno se le van solos los pies... 

No podía faltar la foto de grupo!!!


La cosa decayó bastante pronto, a las 2 ya estábamos recogiendo el ato para coger el autobús. Mientras lo esperábamos nos comimos una Piri Piri Burguer (Hamburguesa de pollo picante) de un puesto callejero en el que unos paisanos nos deleitaron con alguna patada voladora. Lástima que la policía llegara demasiado pronto a cortar la fiesta. 

Otra vez autobús y otra vez Wheatley. Hasta luego Oxford!

La próxima vez que vuelva a salir ya será en la tierra que me vio crecer. En poco mas de una semana estoy por España degustando una Mahou Clásica con las tapas que se merece. 





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